Escuchar a los demás
El mejor y más difícil hábito es aprender a escuchar antes de hablar. El peor vicio es el victimismo, porque culpar siempre a los demás de tus errores hace imposible corregirlos. Todo esto para llegar a una conclusión: Eres querido en cuanto eres útil:
Pensamos en nuestros logros como un engrandecimiento y enriquecimiento del yo. Usted cree que cuanto más listo e importante sea, más le querrán; que cuanto más tenga, más le necesitarán. ¡Y es al revés! Nos aman por lo que les podemos conseguir y no por lo que hemos conseguido para nosotros. Nos aprecian en la medida en que somos útiles. ¡Mire cómo las abuelas siempre son queridas!
-Las señoras se jubilan como el que más.
-¡Nunca! Siempre activas: la casa, la familia, los nietos, las amigas y montones de detalles insospechados. Cuando dejan el trabajo, inauguran una nueva vida cargada de sentido, por eso viven diez años más de media que los hombres. En cambio, los jubilados...
-Jubilar, de jubileo, júbilo. ¡Alegría...!
-¿Los ha oído? Sólo hablan de "yo, mí, yo, yo, yo". Su mundo se hace así más pequeño.
-Felicidad: actividad y servicio.
-¡Ése es mi primer hábito! "Sea proactivo: cree su futuro y siempre acertará al pronosticarlo y disminuirá su estrés". O planificas...
-... O te planifican.
-O cumples tus planes o sigues los de otros. Si te sientas a esperar que te suceda lo que quieres, nunca querrás lo que te sucede. ¡Debe dar una dirección y un sentido a todo lo que haga: sea protagonista de su destino!
-¡Buf! ¡Qué estrés!
-Es un eustress,un estrés bueno que te motiva y agudiza tu capacidad de respuesta, y no el distress excesivo que te deteriora.
-Ése es el primer gran hábito: ¿y el vicio?
-El gran vicio del hombre es sentirse víctima. ¡Nunca tenemos la culpa de nada! Nuestros errores siempre son de los demás. Ese victimismo es fatal, porque impide cualquier progreso: si tú no te haces responsable de lo que te sucede, nunca podrás mejorarlo.
-Hace calor, ¿es culpa mía?
-No, pero es culpa suya no tener aire acondicionado. Actúe y asuma las consecuencias con valentía.Ypara actuar, hay que tener un objetivo. Ése es mi segundo hábito: tener siempre un fin en mente. No se deje llevar.
-Si no sabes adónde vas, es difícil perderse.
-Como broma, sirve, pero sin destino te pierdes y se te comen los buitres. Porque el tercer hábito es cumplir los objetivos que te has puesto en el segundo. Jamás deje las cosas a medias: no sólo por la importancia de las cosas, sino por la importancia de no dejarlas nunca a medias.Yel cuarto hábito es buscar siempre situaciones ganador-ganador.No trate de ser usted el único que se beneficia en cada trato: busque una situación en la que todos ganen. Piense en bilingüe.
-Hombre, usted ya tiene el inglés.
-Me refiero a que hay que pensar cooperativo en tu empresa y competitivo en el mercado. Cooperar y competir: dos idiomas que hay que alternar con fluidez. Por eso debe dominar el quinto hábito: esfuércese primero en comprender a los demás antes de esperar que los demás le comprendan a usted.
-¿Usted cómo lo lleva?
-Es el que peor se me da. Mis hijos, a menudo, notan que no les estoy escuchando.
-Yo le disculpo.
-Quien tiene problemas para escuchar a los demás es incapaz de escucharse de verdad a sí mismo. Sólo está atento a lo que le produce un placer inmediato y así se pierde muchas satisfacciones de la existencia. Sólo quien escucha sabe sinergizar.
-¡Vaya palabreja!
-Mi libro la puso de moda.
-Sinergias estuvo en boga: cierto.
-Si escucha al otro, las descubrirá en seguida: encontrará dónde se complementa con otros humanos y descubrirá cómo crear valor juntos. Y así llegará al séptimo hábito: analice sus experiencias y saque lecciones para enfrentarse a los desafíos del presente.
-Cuénteme alguna de las suyas.
-¿Sabe cómo aprendí el quinto hábito?
-¿Escuchar antes de hablar?
-Fui predicador mormón en Londres.
-Eso sí que es un trabajo duro.
-Predicaba en Hyde Park. Venían los borrachos a tirarme botellas vacías.Yyo me deprimía. Seguía predicando, pero sin fuerza. Hasta que empecé a darles la palabra primero a aquellos borrachos. "Señor: dígame, ¿qué espera usted de la vida tras la vida?"
-¿Y si luego no los podía hacer callar?
-Si yo les escuchaba atentamente, entonces ellos acababan por escucharme a mí. Es curioso qué poca gente se da cuenta de eso.
-¿Siempre le funcionó?
-Tanto que, cuando di clases en la Universidad de Birmingham, conseguí un millar de alumnos en mi segundo año.
-Perfecto.
-Demasiado perfecto. Mi jefe, muerto de envidia, consiguió quitármelas.
-Mal bicho.
-Recuerdo cómo paseaba por las montañas cercanas llorando y pensando cómo era posible que hubiera gente así.
-¿Conclusión?
-La hay: descubrir cómo era aquel tipo me ahorró un montón de tiempo que hubiera perdido a su lado. Así que seguí mi camino. Y no me ha ido tan mal.
Pensamos en nuestros logros como un engrandecimiento y enriquecimiento del yo. Usted cree que cuanto más listo e importante sea, más le querrán; que cuanto más tenga, más le necesitarán. ¡Y es al revés! Nos aman por lo que les podemos conseguir y no por lo que hemos conseguido para nosotros. Nos aprecian en la medida en que somos útiles. ¡Mire cómo las abuelas siempre son queridas!
-Las señoras se jubilan como el que más.
-¡Nunca! Siempre activas: la casa, la familia, los nietos, las amigas y montones de detalles insospechados. Cuando dejan el trabajo, inauguran una nueva vida cargada de sentido, por eso viven diez años más de media que los hombres. En cambio, los jubilados...
-Jubilar, de jubileo, júbilo. ¡Alegría...!
-¿Los ha oído? Sólo hablan de "yo, mí, yo, yo, yo". Su mundo se hace así más pequeño.
-Felicidad: actividad y servicio.
-¡Ése es mi primer hábito! "Sea proactivo: cree su futuro y siempre acertará al pronosticarlo y disminuirá su estrés". O planificas...
-... O te planifican.
-O cumples tus planes o sigues los de otros. Si te sientas a esperar que te suceda lo que quieres, nunca querrás lo que te sucede. ¡Debe dar una dirección y un sentido a todo lo que haga: sea protagonista de su destino!
-¡Buf! ¡Qué estrés!
-Es un eustress,un estrés bueno que te motiva y agudiza tu capacidad de respuesta, y no el distress excesivo que te deteriora.
-Ése es el primer gran hábito: ¿y el vicio?
-El gran vicio del hombre es sentirse víctima. ¡Nunca tenemos la culpa de nada! Nuestros errores siempre son de los demás. Ese victimismo es fatal, porque impide cualquier progreso: si tú no te haces responsable de lo que te sucede, nunca podrás mejorarlo.
-Hace calor, ¿es culpa mía?
-No, pero es culpa suya no tener aire acondicionado. Actúe y asuma las consecuencias con valentía.Ypara actuar, hay que tener un objetivo. Ése es mi segundo hábito: tener siempre un fin en mente. No se deje llevar.
-Si no sabes adónde vas, es difícil perderse.
-Como broma, sirve, pero sin destino te pierdes y se te comen los buitres. Porque el tercer hábito es cumplir los objetivos que te has puesto en el segundo. Jamás deje las cosas a medias: no sólo por la importancia de las cosas, sino por la importancia de no dejarlas nunca a medias.Yel cuarto hábito es buscar siempre situaciones ganador-ganador.No trate de ser usted el único que se beneficia en cada trato: busque una situación en la que todos ganen. Piense en bilingüe.
-Hombre, usted ya tiene el inglés.
-Me refiero a que hay que pensar cooperativo en tu empresa y competitivo en el mercado. Cooperar y competir: dos idiomas que hay que alternar con fluidez. Por eso debe dominar el quinto hábito: esfuércese primero en comprender a los demás antes de esperar que los demás le comprendan a usted.
-¿Usted cómo lo lleva?
-Es el que peor se me da. Mis hijos, a menudo, notan que no les estoy escuchando.
-Yo le disculpo.
-Quien tiene problemas para escuchar a los demás es incapaz de escucharse de verdad a sí mismo. Sólo está atento a lo que le produce un placer inmediato y así se pierde muchas satisfacciones de la existencia. Sólo quien escucha sabe sinergizar.
-¡Vaya palabreja!
-Mi libro la puso de moda.
-Sinergias estuvo en boga: cierto.
-Si escucha al otro, las descubrirá en seguida: encontrará dónde se complementa con otros humanos y descubrirá cómo crear valor juntos. Y así llegará al séptimo hábito: analice sus experiencias y saque lecciones para enfrentarse a los desafíos del presente.
-Cuénteme alguna de las suyas.
-¿Sabe cómo aprendí el quinto hábito?
-¿Escuchar antes de hablar?
-Fui predicador mormón en Londres.
-Eso sí que es un trabajo duro.
-Predicaba en Hyde Park. Venían los borrachos a tirarme botellas vacías.Yyo me deprimía. Seguía predicando, pero sin fuerza. Hasta que empecé a darles la palabra primero a aquellos borrachos. "Señor: dígame, ¿qué espera usted de la vida tras la vida?"
-¿Y si luego no los podía hacer callar?
-Si yo les escuchaba atentamente, entonces ellos acababan por escucharme a mí. Es curioso qué poca gente se da cuenta de eso.
-¿Siempre le funcionó?
-Tanto que, cuando di clases en la Universidad de Birmingham, conseguí un millar de alumnos en mi segundo año.
-Perfecto.
-Demasiado perfecto. Mi jefe, muerto de envidia, consiguió quitármelas.
-Mal bicho.
-Recuerdo cómo paseaba por las montañas cercanas llorando y pensando cómo era posible que hubiera gente así.
-¿Conclusión?
-La hay: descubrir cómo era aquel tipo me ahorró un montón de tiempo que hubiera perdido a su lado. Así que seguí mi camino. Y no me ha ido tan mal.