Jaulas mentales
La mayoría de las personas piensan que las emociones y las formas de actuar se deben a los acontecimientos que les han sucedido. Yo digo que esto no es así. Más bien pienso que cada uno es responsable de cómo se siente.
No son los acontecimientos los que conllevan irremediablemente asociados una serie de consecuencias emocionales positivas o negativas. Sé de distintas personas que, ante los mismos o parecidos acontecimientos, no se han sentido de igual forma. Conozco a personas que han sido despedidas y que no han acabado deprimidas en el bar, sino que han aprovechado este hecho como una oportunidad para emprender sus propios negocios, lo que tal vez les ha llevado a un destino al que nunca hubieran llegado de haber seguido trabajando para otros. Conozco personas que han descubierto que su relación se había deteriorado y han comenzado una nueva vida que les ha aportado una satisfacción emocional como nunca habían sentido. Conozco a personas que ha sufrido graves accidentes de tráfico que las han incapacitado y no han renunciado a tener una vida plena y feliz, sino todo lo contrario, han aprendido a disfrutar de las pequeñas cosas que se les habían estado pasando por alto y que ahora llenan sus vidas de gozo.
Creo que somos autores de las interpretaciones que damos a los acontecimientos que creemos vivir. Pienso que no somos receptores pasivos de lo que nos pasa sino que formamos parte activa, somos coautores, de nuestras vidas. Estoy convencido de nuestra responsabilidad al poner la etiqueta de "problema" o de "oportunidad" a lo que nos sucede.
Es en el momento en que etiquetamos aquello que creemos estar viviendo que lo dotamos de sentido. Y nosotros somos los autores de las etiquetas que utilizamos para referirnos a nuestra experiencia.
Las personas hemos elaborado ciertas generalizaciones sobre el mundo, sobre nosotros mismos y sobre los demás. Dichas generalizaciones nos las creemos puesto que tenemos pruebas de su verosimilitud, ya sea a través de nuestra propia experiencia, o de la experiencia que hemos comprado de segunda mano.
Así decimos cosas como: "Más vale pájaro en mano que ciento volando" o "Todos los trabajadores son unos perezosos que intentan estafarte si te descuidas".
Estas creencias las tomamos como la verdad y las utilizamos para dar sentido al mundo que vivimos.
Algunas de dichas creencias son absolutamente irracionales puesto que no se basan en acontecimientos irrefutables, y son más bien fruto de un pensamiento poco crítico sobre la vida.
Las cosas no son necesariamente como nosotros queremos. Las cosas son como son.
La vida no nos debe nada, la vida es independiente de nuestra voluntad. Somos invitados, y mientras no nos demos cuenta de nuestra condición de invitados estaremos amenazados por el sufrimiento. La vida no es fácil para todos,... pero ¿de dónde habíamos sacado la idea de que la vida tuviera que ser fácil?
La vida no es justa ni injusta. La vida es. Somos nosotros con nuestras expectativas las que etiquetamos los acontecimientos y les dotamos de sentido. Somos invitados. Abre los ojos y deja de exigir que la vida sea como tu quieres que sea.
No etiquetamos las cosas como son sino más bien como somos nosotros. Podemos aprender a pensar sobre el pensar. A metapensar. Podemos darnos cuenta de las sutiles maneras en las que preparamos las trampas con las que nos hacemos sufrir.
Vicens Castellano
No son los acontecimientos los que conllevan irremediablemente asociados una serie de consecuencias emocionales positivas o negativas. Sé de distintas personas que, ante los mismos o parecidos acontecimientos, no se han sentido de igual forma. Conozco a personas que han sido despedidas y que no han acabado deprimidas en el bar, sino que han aprovechado este hecho como una oportunidad para emprender sus propios negocios, lo que tal vez les ha llevado a un destino al que nunca hubieran llegado de haber seguido trabajando para otros. Conozco personas que han descubierto que su relación se había deteriorado y han comenzado una nueva vida que les ha aportado una satisfacción emocional como nunca habían sentido. Conozco a personas que ha sufrido graves accidentes de tráfico que las han incapacitado y no han renunciado a tener una vida plena y feliz, sino todo lo contrario, han aprendido a disfrutar de las pequeñas cosas que se les habían estado pasando por alto y que ahora llenan sus vidas de gozo.
Creo que somos autores de las interpretaciones que damos a los acontecimientos que creemos vivir. Pienso que no somos receptores pasivos de lo que nos pasa sino que formamos parte activa, somos coautores, de nuestras vidas. Estoy convencido de nuestra responsabilidad al poner la etiqueta de "problema" o de "oportunidad" a lo que nos sucede.
Es en el momento en que etiquetamos aquello que creemos estar viviendo que lo dotamos de sentido. Y nosotros somos los autores de las etiquetas que utilizamos para referirnos a nuestra experiencia.
Las personas hemos elaborado ciertas generalizaciones sobre el mundo, sobre nosotros mismos y sobre los demás. Dichas generalizaciones nos las creemos puesto que tenemos pruebas de su verosimilitud, ya sea a través de nuestra propia experiencia, o de la experiencia que hemos comprado de segunda mano.
Así decimos cosas como: "Más vale pájaro en mano que ciento volando" o "Todos los trabajadores son unos perezosos que intentan estafarte si te descuidas".
Estas creencias las tomamos como la verdad y las utilizamos para dar sentido al mundo que vivimos.
Algunas de dichas creencias son absolutamente irracionales puesto que no se basan en acontecimientos irrefutables, y son más bien fruto de un pensamiento poco crítico sobre la vida.
Las cosas no son necesariamente como nosotros queremos. Las cosas son como son.
La vida no nos debe nada, la vida es independiente de nuestra voluntad. Somos invitados, y mientras no nos demos cuenta de nuestra condición de invitados estaremos amenazados por el sufrimiento. La vida no es fácil para todos,... pero ¿de dónde habíamos sacado la idea de que la vida tuviera que ser fácil?
La vida no es justa ni injusta. La vida es. Somos nosotros con nuestras expectativas las que etiquetamos los acontecimientos y les dotamos de sentido. Somos invitados. Abre los ojos y deja de exigir que la vida sea como tu quieres que sea.
No etiquetamos las cosas como son sino más bien como somos nosotros. Podemos aprender a pensar sobre el pensar. A metapensar. Podemos darnos cuenta de las sutiles maneras en las que preparamos las trampas con las que nos hacemos sufrir.
Vicens Castellano