Vivir con las cuatro extremidades amputadas
No puedes vivir en una mentira. Nuestros problemas no nos hacen débiles sino humanos. Reconocer la verdad te ayuda a luchar, y no lo olvidé cuando la enfermedad arrasó mi vida. Los médicos le desahuciaron. Sí, mi cuerpo latía gracias a la adrenalina que me inyectaban, mi muerte era cuestión de horas. Pero a las 48 horas mi corazón empezó a latir solo y me mantuvieron en coma cinco días más. ¿Cómo fue el despertar? Estaba bajo el efecto de la morfina, pero en los pocos momentos de lucidez entendí que mis extremidades, negras y sin respuesta, estaban muertas. Quería que me las cortaran pero estaba entubado y no podía hablar. Angustiante. Por fin empezaron las amputaciones, cada dos días un miembro, y cada operación era una alegría y así se lo transmití a todo el personal sanitario. Estaba contento, sabía que para avanzar debía deshacerme de lo muerto. Hay quien prefiere morir. Era claramente una segunda oportunidad. La temporada de hospital fue una tortura, las operacion...