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S'estan mostrant les entrades d'aquesta data: febrer, 2020

Media naranja

Pensamos que alcanzaremos la plena felicidad cuando encontremos la media naranja. Sí, y es una ficción. Cuando a los 15 años mi hijo encontró su primer amor me dijo orgulloso: “No puede vivir sin mí”.“Pues mejor que vaya, aprenda y vuelva”, le dije. ¿Cómo se quedó? Al cabo de diez años lo entendió. Cuando tenemos baja autoestima y alguien nos dice que no puede vivir sin nosotros nos sentimos de maravilla, pero si tienes la autoestima en su sitio sabes que no puedes ser responsable de la felicidad o infelicidad del otro. Parece obvio. Pues no lo es, necesitamos la validación externa. Lo veo en muchas jovencitas: si alguien viene y yo le gusto, aunque sea un energúmeno conmigo, significa que yo valgo, esa es la pauta que nos meten en la cabeza, que alguien te tiene que validar, pero sólo uno puede validarse a sí mismo. La queja abunda. Es más fácil decir “por su culpa yo estoy así” que reconocer que, como no te estás dando lo que te tienes que dar tú mismo, estás enfadado ...

La alegría es el objetivo

La meditación mejora nuestra existencia y es pura espiritualidad. Yo, además, estoy releyendo clásicos de la filosofía para vivir mejor hoy. Bienvenido si no es autoayuda banal. Baruch Spinoza nunca es banal. Impresiona su actualidad al proponer la alegría como baremo de plenitud de nuestra existencia. Si estás alegre, concluye, es que sabes vivir. Y los demás te lo agradecen. Y por ello te hacen sentir mejor y tú cada vez más a ellos. Pero veamos por qué, según Spinoza, nos entristecemos tan a menudo. ¿Por qué tanta amargura en el planeta? El ser humano no es libre, sino esclavo de sus deseos y emociones. Por eso, Spinoza nos invita a que los desentrañemos usando la razón. Es acertado, pero... ¿original? Sí, porque budistas y ascetas predicaban que para evitar el dolor hay que evitar el deseo. Porque si deseamos, por ejemplo, dinero, nos frustramos al no lograrlo y al lograrlo, ya que nunca será suficiente; igual sucede con el éxito o cualquier placer, que siempre acab...

Vivo para que me recordéis con cariño

Cómo está? Hoy bien. El otro día era tan intenso el dolor que me alivió estirarme en el suelo, frío y duro. Habrá otros métodos. Llevo parches de fentanilo, analgésico cien veces más potente que la morfina: mire, ¿ve? Veo, sí, un parche bajo la nuca. Sin esto cada 72 horas, el dolor es insufrible, como si algo raspase y quemase mis huesos. ¿Cuál es el diagnóstico? Cáncer de huesos. Me lo dijo el médico y le solté: “¿Y cómo lo curamos?”. ¡Qué resuelta! Habíamos ya curado uno en el 2011, ¡gracias a mi perro! ¿Su perro? Jugando, me golpeó en el pecho, y me dolió. Fui a urgencias, y una ecografía mostró un tumor. Me lo extirparon, y sané con ciclos de quimio y radioterapia. ¡Bien! Dejé la medicación, mi sueño era quedarme embarazada. “¡Olvídate!”, me decían. Y el 12 de julio del 2014 nació Daniela, mi preciosa niña: ¡fue el día más bello de mi vida! ¿Y cómo supo lo de los huesos? En una revisión en el 2017: “El cáncer ha vuelto”, dijo mi médico: metástasis óse...