Desde muy joven descubrí que el viajar era, para mí, la mejor manera de aprender. Continúo hasta hoy con este alma de peregrino, y decidí relatar en esta columna alguna de las lecciones que aprendí, esperando que puedan ser útiles a otros peregrinos como yo. 1.- Evite los museos El consejo puede parecer absurdo, pero vamos a reflexionar un poco juntos: si usted está en una ciudad extranjera, ¿no es mucho más interesante ir en busca del presente que del pasado? Sucede que las personas se sienten obligadas a ir a museos porque aprendieron desde pequeñas que viajar es buscar ese tipo de cultura. Es claro que los museos son importantes, pero exigen tiempo y objetividad -tiene antes que saber que desea ver allí, o va a salir con la impresión de que vio un monton de cosas fundamentales para su vida, pero que no recuerda cuáles son-. 2.- Frecuente los bares Allí, al contrario de los museos, la vida de la ciudad se manifiesta. Bares no son discotecas, sino lugares adonde la gente va, toma algo...