Un pequeño ratón ante el mundo
Un ratón habitaba en una lejana selva, donde vivía continuamente asustado por la presencia de un gato. Aquel pequeño ser llevaba una vida miserable, apenas atreviéndose a salir de su madriguera por miedo a no sobrevivir.
Un día el ratón tuvo un inmenso golpe de fortuna y se encontró con un gran mago, el cual al verle tan nervioso le preguntó:
-¿Qué te pasa, ratón?, ¿por qué estás tan asustado?
-Mago, ¡hombre tan sabio como tú y no lo puedes ver! He nacido con un cuerpo tan pequeño, soy tan poca cosa, que es normal que tenga miedo. Si yo hubiera nacido con un cuerpo grande, grande como el del gato, nunca más volvería a tener miedo y mi vida sería feliz.
El mago se compadeció del ratón y alzando sus manos le dijo:
-Está bien, ¡conviértete en perro!
Pasado un tiempo, el mago se encontró de nuevo con su amigo el perro, que estaba detrás de unos arbustos escondido y temblando.
-Perro, ¡no lo puedo entender! Te he dado un cuerpo mayor que el del gato. ¿De qué puedes tener miedo ahora?
El perro miró al mago con ojos apesadumbrados y le dijo:
-Sí, mago, me diste un cuerpo mayor que el del gato, pero ¿sabes qué?, me acabo de enterar de que hay un tigre en la vecindad y temo por mi vida. Si yo tuviera un cuerpo grande, pero grande de verdad, jamás volvería a tener miedo y sería feliz.
El mago miró con ojos sorprendidos a su amigo, y después de pensarlo por un instante le dijo:
-Está bien, ¡conviértete en león!
Satisfecho de su obra, el mago se retiró a su palacio en los confines del mundo. Un día, mientras paseaba por sus jardines, empezó a acordarse de su amigo el león y decidió ir a visitarle. Sin embargo, por más que lo buscaba no lo podía encontrar. Al final, dentro de una cueva y escondido detrás de unas piedras, estaba el león asustado y temblando.
-León, ¡eres el rey de la selva!, ¿de qué puedes tener miedo ahora?
-Sí, mago, tienes razón, soy el rey de la selva, pero es que me acabo de enterar de que hay un cazador en la vecindad y temo por mi vida.
El mago al fin lo comprendió, y mirando a su amigo a los ojos le dijo:
-¿De qué sirve que yo te dé el cuerpo grande de un león si tus pensamientos siguen siendo los de un pequeño ratón?
Tu mundo es un mundo lleno de ansiedad y de frustración porque estás convencido de que es tu pequeño tamaño lo que te impide llevar una vida equilibrada y feliz. Sin embargo, aunque tu tamaño ha aumentado, no has logrado que tu mente se expanda. Siempre vas a encontrar nuevos peligros y amenazas y si no existen te los inventarás. Todo con el fin de sentirte insuficiente para hacerles frente. Has escogido el papel de víctima porque, por debajo de las apariencias, es muy cómodo vivir así. Te es cómodo no arriesgarte y pasas por alto el hecho de que aquel que no arriesga nada en realidad lo está arriesgando todo. Es cómodo no girar el cuello y mirar hacia atrás. Si lo hicieras, verías cómo otros seres aún más pequeños que tú se las arreglan para vivir. Me recuerdas a un hombre que se quejaba continuamente porque no tenía zapatos, hasta que encontró a alguien que no tenía pies. Estás tan centrado en ti mismo que no valoras que tu enemigo el gato tiene miedos y problemas y que a lo mejor tú podrías tal vez ayudarle a solucionarlos. ¿Imaginas cuál sería su reacción? También te es cómodo no hablar con otros ratones tan pequeños como tú y compartir con ellos cómo te sientes. ¿No te has parado a pensar que ellos han podido encontrar formas de adaptarse que tú desconoces? Sin embargo, tal vez te parezca que abrir tu corazón te hace vulnerable. ¿De verdad crees que eres más fuerte por el hecho de encerrarlo bajo llave? ¿Dónde están la aventura y la ilusión en tu vida? ¿No comprendes que tu indefensión es tu mejor escudo para no coger las riendas de tu vida y volar? Tú puedes elegir el coraje sobre el miedo, el perdón sobre la venganza y la acción sobre la indefensión.
-Pero mago: ¿Qué pasa si muero en el intento? ¿Acaso no habré entonces fracasado?
-No, no lo habrás hecho porque no es un fracaso morir sin haber cumplido un sueño, pero sí puede serlo morirse sin haber sido capaz de soñar. Tampoco es un fracaso morirse sin haber alcanzado las estrellas, pero tal vez sí lo sea morirse sin haber tenido ninguna estrella que alcanzar.
-Pero mago: ¿Cómo lo haré?
-Da un paso cada vez. No mires por encima de tu hombro o sentirás el peso del ayer y todo lo que dejas atrás. No te preocupes por lo que va a llegar porque cuando llegues a la curva del camino o a la cima de la colina, el carácter que habrás creado te dará toda la fuerza que puedas necesitar. Da un paso cada vez y no mires atrás.
Un día el ratón tuvo un inmenso golpe de fortuna y se encontró con un gran mago, el cual al verle tan nervioso le preguntó:
-¿Qué te pasa, ratón?, ¿por qué estás tan asustado?
-Mago, ¡hombre tan sabio como tú y no lo puedes ver! He nacido con un cuerpo tan pequeño, soy tan poca cosa, que es normal que tenga miedo. Si yo hubiera nacido con un cuerpo grande, grande como el del gato, nunca más volvería a tener miedo y mi vida sería feliz.
El mago se compadeció del ratón y alzando sus manos le dijo:
-Está bien, ¡conviértete en perro!
Pasado un tiempo, el mago se encontró de nuevo con su amigo el perro, que estaba detrás de unos arbustos escondido y temblando.
-Perro, ¡no lo puedo entender! Te he dado un cuerpo mayor que el del gato. ¿De qué puedes tener miedo ahora?
El perro miró al mago con ojos apesadumbrados y le dijo:
-Sí, mago, me diste un cuerpo mayor que el del gato, pero ¿sabes qué?, me acabo de enterar de que hay un tigre en la vecindad y temo por mi vida. Si yo tuviera un cuerpo grande, pero grande de verdad, jamás volvería a tener miedo y sería feliz.
El mago miró con ojos sorprendidos a su amigo, y después de pensarlo por un instante le dijo:
-Está bien, ¡conviértete en león!
Satisfecho de su obra, el mago se retiró a su palacio en los confines del mundo. Un día, mientras paseaba por sus jardines, empezó a acordarse de su amigo el león y decidió ir a visitarle. Sin embargo, por más que lo buscaba no lo podía encontrar. Al final, dentro de una cueva y escondido detrás de unas piedras, estaba el león asustado y temblando.
-León, ¡eres el rey de la selva!, ¿de qué puedes tener miedo ahora?
-Sí, mago, tienes razón, soy el rey de la selva, pero es que me acabo de enterar de que hay un cazador en la vecindad y temo por mi vida.
El mago al fin lo comprendió, y mirando a su amigo a los ojos le dijo:
-¿De qué sirve que yo te dé el cuerpo grande de un león si tus pensamientos siguen siendo los de un pequeño ratón?
Tu mundo es un mundo lleno de ansiedad y de frustración porque estás convencido de que es tu pequeño tamaño lo que te impide llevar una vida equilibrada y feliz. Sin embargo, aunque tu tamaño ha aumentado, no has logrado que tu mente se expanda. Siempre vas a encontrar nuevos peligros y amenazas y si no existen te los inventarás. Todo con el fin de sentirte insuficiente para hacerles frente. Has escogido el papel de víctima porque, por debajo de las apariencias, es muy cómodo vivir así. Te es cómodo no arriesgarte y pasas por alto el hecho de que aquel que no arriesga nada en realidad lo está arriesgando todo. Es cómodo no girar el cuello y mirar hacia atrás. Si lo hicieras, verías cómo otros seres aún más pequeños que tú se las arreglan para vivir. Me recuerdas a un hombre que se quejaba continuamente porque no tenía zapatos, hasta que encontró a alguien que no tenía pies. Estás tan centrado en ti mismo que no valoras que tu enemigo el gato tiene miedos y problemas y que a lo mejor tú podrías tal vez ayudarle a solucionarlos. ¿Imaginas cuál sería su reacción? También te es cómodo no hablar con otros ratones tan pequeños como tú y compartir con ellos cómo te sientes. ¿No te has parado a pensar que ellos han podido encontrar formas de adaptarse que tú desconoces? Sin embargo, tal vez te parezca que abrir tu corazón te hace vulnerable. ¿De verdad crees que eres más fuerte por el hecho de encerrarlo bajo llave? ¿Dónde están la aventura y la ilusión en tu vida? ¿No comprendes que tu indefensión es tu mejor escudo para no coger las riendas de tu vida y volar? Tú puedes elegir el coraje sobre el miedo, el perdón sobre la venganza y la acción sobre la indefensión.
-Pero mago: ¿Qué pasa si muero en el intento? ¿Acaso no habré entonces fracasado?
-No, no lo habrás hecho porque no es un fracaso morir sin haber cumplido un sueño, pero sí puede serlo morirse sin haber sido capaz de soñar. Tampoco es un fracaso morirse sin haber alcanzado las estrellas, pero tal vez sí lo sea morirse sin haber tenido ninguna estrella que alcanzar.
-Pero mago: ¿Cómo lo haré?
-Da un paso cada vez. No mires por encima de tu hombro o sentirás el peso del ayer y todo lo que dejas atrás. No te preocupes por lo que va a llegar porque cuando llegues a la curva del camino o a la cima de la colina, el carácter que habrás creado te dará toda la fuerza que puedas necesitar. Da un paso cada vez y no mires atrás.