La alegría es el objetivo
La meditación mejora nuestra existencia y es pura espiritualidad. Yo, además, estoy releyendo clásicos de la filosofía para vivir mejor hoy.
Bienvenido si no es autoayuda banal.
Baruch Spinoza nunca es banal. Impresiona su actualidad al proponer la alegría como baremo de plenitud de nuestra existencia. Si estás alegre, concluye, es que sabes vivir.
Y los demás te lo agradecen.
Y por ello te hacen sentir mejor y tú cada vez más a ellos. Pero veamos por qué, según Spinoza, nos entristecemos tan a menudo.
¿Por qué tanta amargura en el planeta?
El ser humano no es libre, sino esclavo de sus deseos y emociones. Por eso, Spinoza nos invita a que los desentrañemos usando la razón.
Es acertado, pero... ¿original?
Sí, porque budistas y ascetas predicaban que para evitar el dolor hay que evitar el deseo. Porque si deseamos, por ejemplo, dinero, nos frustramos al no lograrlo y al lograrlo, ya que nunca será suficiente; igual sucede con el éxito o cualquier placer, que siempre acaba en tristeza.
Pero la vida sin deseo ¿es deseable?
Spinoza cree que no; que el deseo es el motor de la vida y no hay que suprimirlo, sino orientarlo.
Eso parece más realizable que eliminarlo.
No hay que irse a un convento. Se trata de analizarnos con la razón y descubrir qué personas y cosas que deseamos en verdad nos perjudican.
Parece más fácil decirlo que lograrlo.
Pero ahí tendrá usted la alegría para decirle en cada momento si ha acertado. Si vuelve a casa deprimido cada día tras lograr un ascenso en el trabajo, es que lo deseaba pero no le convenía.
¿Cómo discernir entre alegrías?
Spinoza distingue entre alegrías pasivas y activas. Un equipo de fútbol da alegrías imaginativas: nos proyectamos en sus triunfos sin que hagamos nada por conseguirlos. Igual sucede con una pareja que no nos hace felices: la podemos desear, pero a la larga nos entristecerá. Y esa tristeza es síntoma de que no nos conviene.
¿Cuál es la conclusión?
La auténtica alegría duradera se obtiene de deseos justos y la razón sabe encontrarlos si la usamos para conocernos mejor y guiar el deseo.
¿No decía Freud algo parecido?
Para Freud, cuando descubras el trauma origen de tus frustraciones, podrás liberarte de ellas.
La lucidez al analizar tu vida te libera.
Para Spinoza, en cambio, esa lucidez sólo es el medio para lograr la alegría, que es el fin.
En La Contra no ha salido sabio triste.
Sabio es quien ha sabido descubrir qué le da alegría y qué le hace desgraciado: usemos la razón para elucidar qué nos causa alegría verdadera.
¿Usted qué sugiere para conseguirlo?
El deseo se puede elegir, como un bombón, que te da placer pero no la alegría, que sólo te inunda cuando aciertas en decisiones a largo plazo: quizá tu alegría sea más sincera y duradera si rechazas el bombón y optas por estar más sano.
¿Algún consejo concreto?
Conecte con el momento, porque si conviertes la vida en un trámite, acaba siéndolo. Abrázate a cada instante como si fuera el último. Nada más triste que vivir con el piloto automático.
Todos los días, a estrenar la vida como un niño que estrena unos zapatos nuevos.
No se compare nunca con nadie y alégrese de los éxitos de todos. Siempre se sentirá ganador.
Dar y darse ya es ganar.
Y nunca quiera controlarlo todo. La vida hay que aceptarla y amarla, con Nietzsche, también con sus desgracias. Y, como los taoístas, hay que acompañarla sin querer controlarla, porque no somos dioses. Celebre la vida tal como es y nunca le abandonará la alegría.
Bienvenido si no es autoayuda banal.
Baruch Spinoza nunca es banal. Impresiona su actualidad al proponer la alegría como baremo de plenitud de nuestra existencia. Si estás alegre, concluye, es que sabes vivir.
Y los demás te lo agradecen.
Y por ello te hacen sentir mejor y tú cada vez más a ellos. Pero veamos por qué, según Spinoza, nos entristecemos tan a menudo.
¿Por qué tanta amargura en el planeta?
El ser humano no es libre, sino esclavo de sus deseos y emociones. Por eso, Spinoza nos invita a que los desentrañemos usando la razón.
Es acertado, pero... ¿original?
Sí, porque budistas y ascetas predicaban que para evitar el dolor hay que evitar el deseo. Porque si deseamos, por ejemplo, dinero, nos frustramos al no lograrlo y al lograrlo, ya que nunca será suficiente; igual sucede con el éxito o cualquier placer, que siempre acaba en tristeza.
Pero la vida sin deseo ¿es deseable?
Spinoza cree que no; que el deseo es el motor de la vida y no hay que suprimirlo, sino orientarlo.
Eso parece más realizable que eliminarlo.
No hay que irse a un convento. Se trata de analizarnos con la razón y descubrir qué personas y cosas que deseamos en verdad nos perjudican.
Parece más fácil decirlo que lograrlo.
Pero ahí tendrá usted la alegría para decirle en cada momento si ha acertado. Si vuelve a casa deprimido cada día tras lograr un ascenso en el trabajo, es que lo deseaba pero no le convenía.
¿Cómo discernir entre alegrías?
Spinoza distingue entre alegrías pasivas y activas. Un equipo de fútbol da alegrías imaginativas: nos proyectamos en sus triunfos sin que hagamos nada por conseguirlos. Igual sucede con una pareja que no nos hace felices: la podemos desear, pero a la larga nos entristecerá. Y esa tristeza es síntoma de que no nos conviene.
¿Cuál es la conclusión?
La auténtica alegría duradera se obtiene de deseos justos y la razón sabe encontrarlos si la usamos para conocernos mejor y guiar el deseo.
¿No decía Freud algo parecido?
Para Freud, cuando descubras el trauma origen de tus frustraciones, podrás liberarte de ellas.
La lucidez al analizar tu vida te libera.
Para Spinoza, en cambio, esa lucidez sólo es el medio para lograr la alegría, que es el fin.
En La Contra no ha salido sabio triste.
Sabio es quien ha sabido descubrir qué le da alegría y qué le hace desgraciado: usemos la razón para elucidar qué nos causa alegría verdadera.
¿Usted qué sugiere para conseguirlo?
El deseo se puede elegir, como un bombón, que te da placer pero no la alegría, que sólo te inunda cuando aciertas en decisiones a largo plazo: quizá tu alegría sea más sincera y duradera si rechazas el bombón y optas por estar más sano.
¿Algún consejo concreto?
Conecte con el momento, porque si conviertes la vida en un trámite, acaba siéndolo. Abrázate a cada instante como si fuera el último. Nada más triste que vivir con el piloto automático.
Todos los días, a estrenar la vida como un niño que estrena unos zapatos nuevos.
No se compare nunca con nadie y alégrese de los éxitos de todos. Siempre se sentirá ganador.
Dar y darse ya es ganar.
Y nunca quiera controlarlo todo. La vida hay que aceptarla y amarla, con Nietzsche, también con sus desgracias. Y, como los taoístas, hay que acompañarla sin querer controlarla, porque no somos dioses. Celebre la vida tal como es y nunca le abandonará la alegría.