Media naranja
Pensamos que alcanzaremos la plena felicidad cuando encontremos la media naranja.
Sí, y es una ficción. Cuando a los 15 años mi hijo encontró su primer amor me dijo orgulloso: “No puede vivir sin mí”.“Pues mejor que vaya, aprenda y vuelva”, le dije.
¿Cómo se quedó?
Al cabo de diez años lo entendió. Cuando tenemos baja autoestima y alguien nos dice que no puede vivir sin nosotros nos sentimos de maravilla, pero si tienes la autoestima en su sitio sabes que no puedes ser responsable de la felicidad o infelicidad del otro.
Parece obvio.
Pues no lo es, necesitamos la validación externa. Lo veo en muchas jovencitas: si alguien viene y yo le gusto, aunque sea un energúmeno conmigo, significa que yo valgo, esa es la pauta que nos meten en la cabeza, que alguien te tiene que validar, pero sólo uno puede validarse a sí mismo.
La queja abunda.
Es más fácil decir “por su culpa yo estoy así” que reconocer que, como no te estás dando lo que te tienes que dar tú mismo, estás enfadado con el otro. El crecimiento empieza cuando la acusación termina.
Pero a veces el otro no ayuda.
A veces el otro no está por la labor y tienes que alejarte, o no, sin pretender cambiarlo. Pero cuando estás en proyecto de pareja es importante distinguir entre “me está haciendo daño” y “me estoy haciendo daño”.
No hay relación sin conflicto.
El conflicto es la oportunidad de mirar hacia dentro, cambiar el “por tu culpa me pasa...” al “gracias a ti he descubierto que tengo tal herida o tal inseguridad”. Se trata de volver a la casilla de salida y reconocer que te saltaste un paso de autoestima necesario.
El viaje hacia dentro.
Cuando empiezas a valorarte y a atenderte, no te sientes desatendida por el otro, y cambia tu percepción. Y el “te necesito” se convierte en “no te necesito pero quiero estar contigo, crecer contigo”, y creo que esa es la pareja ideal.