Vivir con las cuatro extremidades amputadas
No puedes vivir en una mentira. Nuestros problemas no nos hacen débiles sino humanos. Reconocer la verdad te ayuda a luchar, y no lo olvidé cuando la enfermedad arrasó mi vida.
Los médicos le desahuciaron.
Sí, mi cuerpo latía gracias a la adrenalina que me inyectaban, mi muerte era cuestión de horas. Pero a las 48 horas mi corazón empezó a latir solo y me mantuvieron en coma cinco días más.
¿Cómo fue el despertar?
Estaba bajo el efecto de la morfina, pero en los pocos momentos de lucidez entendí que mis extremidades, negras y sin respuesta, estaban muertas. Quería que me las cortaran pero estaba entubado y no podía hablar.
Angustiante.
Por fin empezaron las amputaciones, cada dos días un miembro, y cada operación era una alegría y así se lo transmití a todo el personal sanitario. Estaba contento, sabía que para avanzar debía deshacerme de lo muerto.
Hay quien prefiere morir.
Era claramente una segunda oportunidad. La temporada de hospital fue una tortura, las operaciones de transplante de piel, las heridas, eran dolorosísimas, pero tenía un propósito.
Rechazó la ayuda de los psiquiatras.
Sí, porque no estaba deprimido, no necesitaba antidepresivos ni terapia, me bastaba hablar con Cecilia y los que tenía cerca.
¿No te daba miedo salir al mundo sin piernas y sin brazos?
No, me acepté desde el primer momento. Tenía claro lo dura que puede ser la vida, en este mismo momento hay niños muriendo de hambre, guerras y sufrimientos injustos con los que podríamos llenar todo el periódico, y yo lo sabía.
Entiendo.
No quería enfadarme con la vida, quería quererme con o sin brazos, con o sin piernas. Lamentándote, sólo estás alimentando tu ego, es muy fácil quejarse y odiar la vida, lo difícil es seguir adelante. Cuando llegué a casa era un muñón, y el problema es que un pie de fibra de carbono cuesta 3.500 euros y la Seguridad Social apenas te subvenciona una uña.
La gente le salvó.
Yo estaba alejado de las redes sociales, me parecía todo postureo, pero Cecilia me enseñó atletas amputados de los que aprendí mucho y colgó mi historia y el presupuesto de mis prótesis. En diez días recaudamos el dinero. Fue un maremoto de amor increíble y entendí que hay esperanza: si nos ayudamos, juntos, más allá de políticas e ideologías, haremos grandes cosas.
Tuvo que volver a aprender a caminar.
El desgaste físico y psicológico fue muy duro. Me dolían los muñones, se llagaron, se infectaron, y el dominio de cuatro prótesis requiere una concentración constante que me agotaba, habría sido fácil dejarlo, decir: vámonos a casa.
He visto esa foto en que está acurrucado como un feto, sin brazos, sin piernas.
Es muy bonita, soy yo, sólo ha cambiado mi forma. Quiero a mi cuerpo y quiero que los demás se acepten. La aceptación de uno mimos es fuente de resiliencia y de amor hacia los otros.
Da usted un buen ejemplo a los jóvenes.
Esa vida sin arrugas, sin fealdad, sin problemas, no es la vida. Empecemos a valorar nuestros defectos, que son los que de verdad nos hacen únicos. Creer que la vida perfecta va a llegar es una mentira que te destroza por dentro.